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Juguetes en la Memoria:
Un Patrimonio Desconocido y Olvidado
Francisco Torres Rodríguez
Director del Museo de Huelva
Aniceto Delgado Méndez
Antropólogo
Delegación Provincial de Cultura de Huelva
Junto a nuestras artesanías, nuestra arquitectura tradicional,
nuestros rituales, nuestra tradición oral y otros elementos de nuestro
rico y variado patrimonio etnológico, se encuentran los juguetes, esos
''antiguos cacharros'' que han acabado relegados a un segundo o tercer plano
en la mayoría de las ocasiones, cuando no perdidos.
Menospreciados por distintas razones, los juguetes más allá del
objeto, se convierten en un patrimonio a proteger y difundir. Hablamos de un
elemento presente en todas las culturas y su valor vendrá definido no
solamente por ser un objeto, ejemplo material de una determinada cultura, sino
por enseñarnos simbólicamente los valores, pautas y comportamientos
de la colectividad dentro de la cual surgen.
Uno de los principales problemas existentes a la hora de acercarnos a este y
otros elementos del patrimonio etnológico son sin lugar a dudas el hecho
de que estamos hablando de un patrimonio ''vivo'', en uso, hecho este que complica
aún más cualquier acercamiento que pretendamos hacer respecto
a alguno de los aspectos que lo conforman.
A través de los juguetes transcurren nuestros primeros años de
vida, estos serán la cámara que nos ayuda a proyectar un futuro,
representado este último en forma de muñeco, de pelota, o de casa
de muñecas.
Lejos de ser ''cacharros'' que almacenamos en un rincón de nuestra habitación
o en un cuarto trastero, los juguetes formarán parte de nuestras vidas,
enseñándonos a diferenciar y fraguar una idea de todo aquello
que nos rodea.
Como sucede en otras ocasiones, la memoria, compañera inseparable de
sentimientos, inquietudes y enseñanzas, nos acerca a los recuerdos de
la infancia a través de aquellos juguetes, de los amigos que nos acompañaban
en tantos ratos y de los lugares que compartimos.
Desde estas páginas intentaremos acercarnos al mundo de los juguetes,
intentando reflexionar acerca del papel que estos han tenido y tienen en nuestra
cultura y del como se ha convertido en la mayoría de las ocasiones en
un patrimonio olvidado.
Los juguetes entendidos como un elemento que comunica al niño con la
sociedad en la que esta inserto, es un ejemplo más de la diversidad cultural.
A lo largo de la historia, el juego esta presente en cada una de las diferentes
civilizaciones conocidas, demostrando que es un acto social de enorme relevancia
siendo a través del mismo, como el niño comienza a recoger indirectamente
las pautas y valores de la sociedad en la que crecerá.
A los ojos del niño todo es sorprendente e inexplicable y el mundo se
presenta como un gran juego en el que poder participar.
Los juguetes, fiel reflejo del ciclo anual, actúan a su vez como marcadores
del tiempo, delimitando en cada momento el territorio en el que se inserta el
colectivo que les da vida. Cada estación, cada mes, cada período
tiene sus juegos y sus lugares, es así como el niño comienza a
dividir entre tiempo de ocio y trabajo.
Historia del Juguete
Como definíamos anteriormente, el juguete ha sido siempre un elemento
cultural muy importante en nuestras sociedades y su historia está vinculada
a la de la humanidad.
Los distintos objetos con que se ha jugado durante siglos son en definitiva
un reflejo de lo que han sido las distintas culturas y las modas sociales del
momento, es por ello que el juguete se convierte en un claro exponente de los
procesos históricos y culturales de cada época y de cada sociedad.
Los componentes tanto intimista como lúdico entorno al juguete son innegables
desde el momento en que el niño cuando juega, va apropiándose
de toda una serie de patrones culturales que le van socializando e introduciendo
en la cultura en la que vive. El juego acerca al niño a las pautas y
las acciones de los adultos, imitando y asumiendo determinados hábitos
y comportamientos. Este proceso de enculturación otorgará al niño
las normas y valores necesarios para desenvolverse en la sociedad de origen.
Este proceso es observable ya en las sociedades cazadoras-recolectoras, en las
que lo lúdico se entremezcla con la magia y la fiesta como asegurador
de la cohesión de la vida colectiva (función de comunicación),
y donde la máscara, la piedra o un trozo de hueso, con un marcado carácter
mágico-religioso, ritualiza los grandes acontecimientos del hombre y
de la comunidad, la vida y la muerte, a la vez que deja salir en un tiempo y
espacio definido, la violencia y la avidez del instinto.
En las diversas culturas a lo largo de la historia, el juguete y el juego se
ha encontrado representado con un espacio importante en la sociedad, y en numerosas
ocasiones ha actuado como un elemento claramente socializador.
El surgimiento de las grandes civilizaciones (Mesopotamia, Egipto, Grecia, Roma)
trajo consigo una concepción ordenada del Cosmos (vida administrativa
y democracia), y con ello los juegos solemnes como los de pelota de los aztecas
(Tlachtli), el concurso de tiro con arco en China, o los juegos de estadio greco-romanos.
Con ellos, se introduce la competitividad, y la reglamentación del juego
sustituye al desorden de las sociedades anteriormente descritas.
Los egipcios, junto con los griegos y romanos crearán ya juguetes para
su población infantil, como demuestra el hecho de que las niñas
romanas ya tenían las muñecas de trapo, que hasta hace tan poco
tiempo han convivido en nuestra sociedad, y que todavía hoy día
coexisten en muchas de las sociedades menos desarrolladas económicamente.
La Edad Media será otro punto importante en lo que a la historia de los
juguetes se refiere pues comenzarán a surgir en Alemania, Francia e Italia,
las primeras industrias artesanales en Europa, y con ello la proliferación
y difusión del juguete, si bien esta difusión estaba claramente
encaminada a las clases sociales más pudientes. Existirán ferias
en las que los artesanos que trabajan los diversos materiales, como pueden ser
el barro, el hueso, la madera o el cuero, hacen juguetes de una manufacturación
bastante tosca, pero eso si completamente artesanal.
Como podemos observar, el juguete como elemento cultural producto de una determinada
sociedad, siempre nos ha acompañado, así por ejemplo, en el caso
de culturas como la islámica, esta aparece rodeada de aspectos lúdicos
de un gran refinamiento, a la vez que en otras culturas como las asiáticas
podemos realmente ver elementos muy sofisticados y lúdicos realmente
elaborados como el caleidoscopio o más del tipo del diábolo o
su hermano menor el ''yo-yo''.
Durante el Renacimiento y a través del juguete, se van a vehicular actitudes
y pautas que conllevan el poder y la sumisión. Será el momento
en el que las clases altas transmitirán a sus infantes cuales son los
papeles a desarrollar en la sociedad, y su posición de dominancia respecto
a las otras capas sociales. Es en este período cuando aparecen las casas
de muñecas, los belenes y otros.
En el siglo XVIII, y como consecuencia del afloramiento de los nuevos ideales,
entra en la escena social de la época una mayor preocupación sobre
temas como la pedagogía y la instrucción pública. Este
interés mantenido hasta nuestros días, será heredero de
los planteamientos de esta época ilustrada, fomentando y dando más
valor a todo lo que son las actividades artísticas y creativas.
La revolución industrial surgida en el siglo XIX afectará también
y de manera considerable a la creación de los juguetes. Uno de los cambios
más importantes será el paso del juguete tradicional-artesanal
al juguete inmerso en el proceso de mecanización industrial. Otros de
los cambios producidos en este momento histórico será la incorporación
al proceso productivo de nuevos materiales, tales como la hojalata, el plomo,
el estaño, el celuloide o el vidrio.
Como consecuencia de la filosofía producto de la revolución industrial,
comenzarán a multiplicarse los modelos y tipologías, consiguiendo
a su vez un abaratamiento de los juguetes que empiezan a entrar dentro del proceso
de producción de tipo industrial.
Las paradojas de esta época son varias, así mientras que por un
lado se abaratan los costes de los juguetes para los niños, estos mismos
se verán atrapados dentro de una nueva dinámica en lo que al mercado
de trabajo se refiere. Los niños comenzaran a ser mano de obra muy barata
y poco cualificada, hecho este que supondrá una rebaja en los costes
de la mecanización que trae pareja todo este nuevo proceso productivo.
Debido a todo ello tenemos que el niño, receptor principal de ese juguete
que se produce, se encuentra en una situación en la que no tiene tiempo
de ocio, solamente para trabajar en las fábricas, en las explotaciones
mineras, o en los diversos talleres.
A esta falta de tiempo libre habría que unirle la escasa capacidad adquisitiva
de estos ''pequeños trabajadores'', por lo que unen pocos recursos al
exiguo tiempo del que disponen para poder disfrutar de los juguetes que ellos
mismos realizan.
El estallido de la I Guerra Mundial impondrá unos nuevos arquetipos y
tipologías de juguetes, algunos de los cuales van a permanecer de modo
casi inalterables hasta nuestros días. Es el momento en que aparecen
juguetes clásicos como los mecanos, los autómatas, los tranvías,
los automóviles, los aviones, los barcos, los teatrillos y otros.
Al finalizar el conflicto bélico se producirá un notable avance
en lo que a la propia industria juguetera se refiere, de la misma forma que
podemos observar estos avances en muchos otros aspectos de la vida de las sociedad
occidental. Habrá cambios en las valoraciones y en las propias mentalidades,
y la industria juguetera evoluciona de la mano de la sociedad y el mercado,
logrando una mayor especialización y cualificación.
Con la llegada del la II Guerra Mundial, hay un proceso de democratización
y homogeneización entorno a este elemento cultural, tan importante en
nuestra sociedad. Aparece el plástico y este material democratiza al
menos aparentemente el mercado pues niños de distintos estratos sociales,
pueden utilizar los mismos juguetes, si bien la práctica nos dice que
las clases sociales más pudientes siguen teniendo acceso a tramos de
calidad juguetera mucho más amplios que los demás, permitiéndose
juguetes muy evolucionados o juguetes de producción artesanal o cuasi-artesanal,
series muy limitadas y solamente al alcance de unos pocos.
De cualquier manera, resulta innegable añadir que la incorporación
de un material como el plástico, produce un muy importante abaratamiento
de los juguetes al reducirse de forma muy drástica, todo lo que es el
proceso de producción, a la vez que la sociedad va teniendo cada vez
más tiempo libre para dedicarlo a aspectos lúdicos, a los ''hobbys'',
etc...
El final del siglo XX y comienzo del nuevo siglo, han traído un nuevo
proceso en el que la demanda de juguetes por parte de los niños, esta
siendo cada vez más mediatizada. Entramos en la era de los ordenadores,
las video-consolas, y lo que algunos han denominado como la revolución
de la comunicación, inserta esta a su vez en la mal denominada ''Aldea
Global''.
Procesos como la globalización han traído consigo nuevas pautas
entorno a los juguetes realmente más demandados por parte de la población
infantil y adolescente, provocando este nuevo período cambios sustanciales
respecto a la tipologías, materiales, e incluso transformando el acto
comunicativo establecido entre el niño y el juguete.
No obstante, los niños siguen compartiendo nuevos y viejos modelos en
lo que a los juguetes respecta, desde la cuerda para saltar a la comba, hasta
el último juego de cualquier marca especializada en video-consolas. Estas
dos realidades sin embargo no permanecen aisladas sino imbricadas en un universo
social que gira entorno al juguete como medio que acerca la población
infantil a los valores, normas y pautas de la sociedad de la cual forman parte.
La Industrialización del Juguete
La progresiva implantación de la Revolución Industrial y la aparición
de nuevos materiales en el proceso productivo, dio lugar a la aparición
de toda una gran oferta basada en la creación de nuevas formas, la utilización
de nuevos materiales, y la creación de una nueva tipología juguetera.
Ya en los años sesenta del siglo XIX, comienzan a fabricarse en este
país y más concretamente en Cataluña, muñecas que
entre sus distintas partes comienzan a tener la cera como material.
En torno a esta época, también encontramos la fabricación
de muñecas de barro con un marcado carácter artesanal. Un ejemplo
de esto último lo constituye Ramón Mira en la ciudad alicantina
de Odiel que aprovechando todo su saber alfarero fabricaba estas muñecas
de barro. Para ello amasaba primero la arcilla que posteriormente introducía
en un molde de escayola. Tras sufrir el proceso de secado, se lograba extraer
de este molde una figura que posteriormente era pintada y vestida según
la indumentaria popular o la imitación de nuevos modelos.
Más tarde aparecerá la aplicación de otros materiales como
el yeso-cola y el propio serrín-cola, con los que se lograba hacer una
especie de pasta que posteriormente era depositada en moldes de bronce o de
hierro, según fuera la pieza y la forma pretendida. Posteriormente estas
piezas pasaban por el proceso de secado y finalmente eran pintadas pertinentemente
para mejorar y adecuar la presentación del juguete. Con este proceso
se aseguraba una mayor calidad al tratarse de materiales que otorgaban a la
pieza una mejor presentación y una mayor resistencia.
Será también en esta época cuando comienza a utilizarse
un nuevo material, nos referimos concretamente al cartón prensado. Este
posibilitara el abaratamiento de los costos de producción del juguete
hasta la llegada del plástico, si bien es cierto que todos estos materiales
han ido conviviendo a medida que se iban incorporando al proceso productivo,
tal y como hemos podido comprobar hasta hace realmente muy poco tiempo.
A mediados del siglo XVIII podemos encontrarnos ya con la incorporación
del metal como base de todo el proceso productivo del juguete, aunque no será
un material que llegue a todos los estratos sociales, siendo por tanto un juguete
realizado para las clases más acomodadas, ya sea como miniaturas para
el juego o para la misma actividad ritual y simbólica, como es el caso
de los amuletos y sonajeros.
En lo que se refiere a la utilización del plomo, en España se
comienza a utilizar este material en la elaboración de soldaditos, juguetes
muy apreciados en su época y en la actualidad, pues este juguete, suele
tener en la actualidad toda una clientela formada por coleccionistas y amantes
de este tipo de juguetes.
En el siglo XIX, y más concretamente en la década de los treinta,
podemos encontrarnos en este país con la figura de D. Carlos Ortelli
Doti, fabricante de origen italiano que muy posiblemente sea el precursor en
cuanto a las figurillas de plomo, modelos los suyos de inspiración alemana
y realizados en estaño y plomo.
Gran parte de la producción de este y otros fabricantes como José
Lleonart, Antonio Pascual, Baldomero Casanellas, estos últimos ya propiamente
introductores de las figuras ya no de carácter plano sino de bulto redondo
más parecidas a la producción actual de esta tipología
de juguetes, se suman a los soldaditos basados en las figuras militares o de
soldados a caballo, nuevos modelos que representan escenas sociales de la época
tanto en lo concerniente a la vida cotidiana, como a aquellas otras que reflejan
la vida religiosa.
En lo que respecta a la utilización de materiales como la madera y el
cartón, podemos ver que la primera por ejemplo ha tenido de forma tradicional
un carácter bastante artesanal y ha estado muy relacionada generalmente
con lo que han sido los juguetes de tipo educativo o aquellos empleados para
facilitar la realización de construcciones o mecanos muy básicos.
En el caso del cartón, este material ha sido muy empleado en toda la
serie de teatrillos y escenarios litografiados que tanto predicamento tuvieron
a principios del siglo XX en nuestro país, como también en los
tradicionales juegos de mesa tan populares en nuestra sociedad.
La hojalata resultado de la mezcla del hierro y el estaño, también
ha sido un material bastante utilizado en lo que respecta a la construcción
de juguetes. El hierro se emplea para dar todo lo que es la consistencia y la
propia maleabilidad de la pieza, mientras que el estaño se utiliza más
para el proceso de recubrimiento en su aspecto más superficial permitiendo
este la utilización de un gran colorido en la presentación del
juguete y una mayor protección al mismo.
Hacia mediados del siglo XIV, será cuando nos encontramos las primeras
referencias respecto a lo que sería la primitiva hojalata, sobre todo
en Alemania. Producto este muy caro y apreciado en este siglo y los dos posteriores,
no será hasta 1.700 y debido a la introducción del proceso de
laminación de carácter mecánico, cuando se empieza a fabricar
masivamente este producto, fundamentalmente en Inglaterra, país que tras
todo un proceso de espionaje industrial puede conseguir esta especie de secreto
que constituye la elaboración de la hojalata.
En España la primera fábrica de hojalata se instala en Andalucía,
para orgullo de todos los andaluces, y más concretamente en la preciosa
localidad serrana de Ronda, donde era muy abundante la madera tan necesaria
para la obtención del carbón vegetal y posterior proceso de combustión.
En 1731 se creará una fábrica en la localidad rondeña de
Juzcar bajo la muy curiosa denominación de: '' La nunca vista en España
Real Fábrica de Hojas de Lata y sus Adherentes'', pionera en su género
y que llego al parecer a contar con unos 200 trabajadores, de los cuales bastantes
eran especialistas alemanes.
Hacía el 1.890 esta fabricación será centrará en
el País Vasco y más concretamente a los Altos Hornos de Bilbao,
hecho este que pone una vez más de manifiesto, la capacidad andaluza
de primero innovar y segundo perder una posición pionera en lo que a
este tipo de actividad se refiere.
A principios del siglo XIX aparecen en los catálogos de los grandes mayoristas
ingleses los primeros juguetes de hojalata, pero será en la Exposición
Universal de Londres cuando se podrán ver por primera vez y de forma
pública estos juguetes. En el caso español la precursora en este
tipo de juguetes será Cataluña, concretamente el pionero en la
utilización de este tipo de material dentro de la industria juguetera
va a ser muy posiblemente la figura de D. Jorge Rais quién con el paso
del tiempo y con el asentamiento del proceso de industrialización hará
que se produzca una especialización mayor de las propias empresas jugueteras.
Resulta necesario a la hora de hacer un recorrido por la historia del juguete
en España, mencionar en un lugar realmente muy destacado la iniciativa
de la familia Payá. Familia originariamente dedicada a la fabricación
de los helados, esta familia se introdujo posteriormente en la industria hojalatera,
para de esta forma aprovechar dicho material, que ya anteriormente utilizaban
en la propia realización de los envases que servían para conservar
mejor el hielo, y posteriormente con el paso del tiempo, esta familia se convertirían
en uno de los principales fabricantes de juguetes de este país, tanto
por la diversidad como por la calidad de los juguetes que ponen en el mercado.
Esta familia hará sus primeros pinitos dentro de la industria juguetera
vendiendo todo tipo de menaje de la casa pero en miniatura, dedicándolo
de forma preferente al mundo infantil, tarea esta colateral a lo que eran sus
orígenes más centrados en todo el proceso de la hojalatería
tradicional.
Entre otros aspectos, esta familia va a conocer, siguiendo el sistema alemán,
el sistema de ensamblaje de las distintas piezas de un juguete de hojalata,
sin utilizar soldaduras, solo con el ensamblaje de las lengüetas que se
introducían en las hendiduras correspondientes, abaratando por tanto
bastante los propios costes de producción.
Otra localidad importantísima en cuanto a la producción de juguetes
será la localidad alicantina de Denia, que en 1.904 con la llegada de
hermanos Ferchen de origen alemán verá como se produce la fundación
de una fábrica de gran pedigrí en la industria juguetera nacional,
como es la ''Metalúrgica Hispano-Alemana'', o la propia fábrica
''La Universal'', también en la localidad de Denia y competidora de la
anterior.
Más tarde se irían desgajando empleados de la firma Payá,
dando lugar a la aparición de nuevas industrias procedentes de las deserciones
provenientes de la industria de los hermanos Payá.
La industria juguetera durante estas primeras décadas del siglo XX, va
en constante aumento, proliferando nuevas empresas antes las mejoras en las
expectativas del mercado del juguete. Con la llegada de la República,
época realmente contradictoria entorno a las ilusiones que se fueron
generando en la población española, el posterior estallido de
la conflagración nacional, las situaciones colaterales en Europa entorno
al nazismo, y la gran inestabilidad económica resultado del archiconocido
''crack'' que sufrieron las bolsas, producirá en definitiva un descenso
considerable de las buenas expectativas que se habían generado en el
mercado del juguete, con lo que toda la industria manufacturera que había
generado a su alrededor, sufre los duros avatares de esta época de crispación.
El conflicto en España cortará, al igual que sucede en otros aspectos
de la vida, todas las expectativas e ilusiones que se venían generando.
La incipiente industria juguetera española tiene que pasar por imperativo
de la contienda civil a realizar otros menesteres más acordes con las
necesidades que se le requerían en este momento, pasando a realizar acuñación
de moneda, elaboración de espoletas de bombas, y sobre todo ayudando
en el proceso de producción de municiones, tan necesarias para el frente.
En definitiva paso de ser una industria juguetera a una empresa auxiliar del
conflicto armado.
Una vez pasada la contienda civil, y como fácilmente podremos imaginar,
la situación en la industria juguetera es caótica al igual que
también lo era en cada uno de los aspectos de nuestra sociedad. Ahora
vendrían los conocidos como años de ''el hambre'', momentos en
los que la mayor parte de la población de nuestro país tenía
carencias fundamentales para poder seguir conservando la vida debido a la falta
material de comida.
Durante toda la conflagración civil española hemos de reseñar
que son pocos los capítulos y aportaciones al tema del juguete, si bien
es interesante reflejar la aportación de los recortables desde el lado
republicano. Recortes de un bajo costo de reproducción y una gran actuación
como medio de propagación política.
Finalizada la guerra civil española las empresas jugueteras irán
recuperando poco a poco la normalidad, no sin tener problemas de diversa índole,
así por ejemplo ante la escasez de hojalata, se recurrió al reciclaje
como posible solución a la falta de medios materiales para la producción
de los juguetes.
En esta época habrá apariciones estelares en el firmamento de
los juguetes, es la célebre muñeca ''Mariquita Pérez'',
tan estimada incluso en nuestros días, y que más tarde contaría
con una réplica posterior denominada ''Cayetana''. Además de estos
ejemplos, aparecen como novedad los trenes eléctricos, la muñeca
''Nancy'' y otros nuevos juguetes.
Pasados los años cuarenta entramos realmente en una revolución
dentro del propio proceso industrial debido a la utilización de un material
anteriormente desconocido en la industria juguetera, nos referimos al plástico.
La primera maquina de inyección de plástico puesta al servicio
de la industria juguetera, aparecerá en la fábrica de Payá
allá por 1948.
La aparición de este nuevo material convulsiona todo el panorama de la
industria juguetera española, al igual que ocurrió en toda Europa,
si bien no debemos olvidar que este nuevo material convive y convivirá
con el resto de los materiales durante prácticamente todo el recorrido
temporal de la propia industria relacionada con el juguete. No será prácticamente
hasta bien llegada la década de los sesenta, cuando vayan desapareciendo
los denominados ''viejos materiales'', coincidiendo con la ampliación
del tramo poblacional donde es más accesible el juguete., que coincide
en definitiva con el ''boom'' entorno al desarrollo demográfico y la
culminación del propio proceso desarrollista de la sociedad española.
La proliferación del número de industrias relacionadas con el
juguete se asentará en las localidades españolas de Ibi y Onil,
junto con los ya conocidos focos de Cataluña, Andalucía y otros
de menor importancia.
En la actualidad el juguete que ha estado en fase de máximo incremento
durante las últimas décadas, se encuentra con una nueva realidad,
al tener que satisfacer las nuevas necesidades derivadas del tan cacareado proceso
de globalización. Ante esta nueva situación sería conveniente
conocer aquellas pautas culturales que nos han traído hasta donde estamos,
evitando en la medida de lo posible aquellas imposiciones que tienden a la homogeinización
cultural, proceso este último que tan solo pretende enmascarar las diferencias
existentes entre unas y otras sociedades, haciéndonos renunciar a su
vez a un elemento tan valioso como es el de la diversidad cultural.
Los juguetes tradicionales, esos ''pequeños y preciosos tesoros'', son
claro ejemplo de la creatividad y la imaginación, son el resultado de
un largo proceso histórico. Como otros elementos culturales los juguetes
forman parte de una herencia que debemos conocer y proteger entendiendo que
son parte del pasado y también reflejo de un presente que nos acerca
al futuro.
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